El hombre: ¿Perfectamente imperfecto o imperfectamente perfecto?

 

¿Acaso somos las mujeres sumisas por naturaleza?

 

¿Cuándo se está a la altura? Cuando parece que todo es perfecto, que no hay nada, absolutamente nada que pueda bajarte de tu nube, descubres una pequeña nimiedad que hace que la perfecta torre de cartas, que con tanto esmero has construido, se desmorone. Ya sea que sus aficiones no sean exactamente de tu gusto, que no pueda soportar tu comida favorita o lo peor de todo, que en ocasiones sientas que tú llevas las riendas.

De hecho, al margen de todo, esto último es lo peor. No hay nada más chocante para una mujer que descubrir que el hombre que tiene a su lado dista mucho de ser el hombre perfecto: maduro, atractivo, poderoso, inteligente…y un sinfín de adjetivos de connotación excesivamente aduladora. Lo más triste es que no debería hacernos sentir mal el hecho de tener el poder en una relación, saber que en ocasiones pareces ser superior y sentirte más importante que tu acompañante. ¿Por qué necesitamos que el hombre sea más fuerte?¿ Por qué nos gusta tanto sentirnos protegidas cuando podemos valernos perfectamente por nosotras mismas?¿ Somos acaso, las mujeres, sumisas por naturaleza?

 parece que si el hombre que tenemos a nuestro lado es alto y fuerte, es mejor, que si sabe contestar a todas nuestras preguntas, es mejor, que si en ocasiones hace que nos sintamos inferiores, es mejor. ¿Por qué? Estas preguntas a pesar de  parecer estúpidas pasan por la mente de un millón de mujeres cada día. Sí, también por tu cabeza, no mires hacia otro lado. Tú también has lamentado ser más inteligente que tu pareja, ser menos sensible que tu pareja e incluso que no soporte tu comida favorita. Puede que algunas, por el contrario, creáis que sois afortunadas por tener a vuestro lado al supuesto hombre masculinamente perfecto, pero lo cierto es que esa perfección de la que habláis no es más que, en mi humilde e inexperta opinión, un refuerzo innecesario del machismo impuesto tiempo atrás. ¿Realmente estamos en el siglo XXI? Discúlpenme señoritas, juraría que todavía estoy rodeada de mujeres victorianas allá donde miro.

 

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La intimidad

”John Lennon dijo una vez que la vida es lo que ocurre mientras haces otros planes. A mí me aterroriza el hecho de pensar estar perdiendome la vida que me corresponde”

 

¿Existe un momento clave en las relaciones en el que hay que pactar unas condiciones, unas reglas? ¿Acaso ha de haber reglas en una relación?

Visto así, parece que estemos hablando de un acuerdo o de un contrato. Pero al fin y al cabo ¿No es eso de lo que se trata? Dos personas que comparten momentos y que se respetan mutuamente. Si es así, entonces dentro de ese respeto debería estar escrito que la intimidad es algo respetable. Así que ¿Qué hay de malo en necesitar estar sola? ¿Tan difícil es creer que una mujer puede estar mejor sola que acompañada?

No quiero decir que eso sea una regla universal. Pero ya que nos ponemos, digamos que siempre hay excepciones. Esto, sin embargo, no significa que una mujer quiera aislarse completamente y que parezca tener alergia a los hombres, tan solo se trata del típico caso de repentina asfixia. Al menos eso quiero creer.

                La solución para esto es tan simple como dejarlo estar. Si la susodicha resulta ser soltera, mejor que mejor. No tendrá a quién darle explicaciones y no se sentirá culpable por querer compartir tiempo con una buena taza de café, su sofá, y un buen libro en vez de con el mundo. Pero si por el contrario, la afectada se encuentra en medio de una relación…Más vale que esa relación esté consolidada, porque si no es así, puede que tan solo le queden un par de telediarios. Y es que no es tan sencillo compartir tu vida con alguien, y ahí radica el problema. Pues cuando decides tener una relación, te das cuenta de que has de compartir tu vida, y que muy a tu pesar, tu mundo no solo te pertenece a ti. Si has asimilado eso, puede que te sea más sencillo sobrellevar esta crisis existencial probablemente momentánea, si no es así, y aún te cuesta compartir tu vida…¡Qué demonios! No puedo intentar dar una solución a eso si aún no he encontrado el remedio para mí.

                John Lennon dijo una vez que la vida es lo que ocurre mientras haces otros planes. A mí me aterroriza el mero hecho de pensar que mientras planeo mi vida con otra persona, mientras sacrifico mis gustos, aficiones, hobbies y me llego incluso a aburrir, este perdiéndome la vida que realmente me corresponde.

                Lo que me lleva a plantearme una pregunta: ¿Una mujer se siente así dada su naturaleza indomable e independiente o es el hombre que tiene a su lado el que la hace sentirse desdichada? Si tu pareja te hace creer que la vida que estás viviendo no es la vida que te corresponde, ¿No crees que es momento para decidir si la persona que tienes al lado es la correcta?

                Puede que dentro de un tiempo te des cuenta de que te has equivocado y que echas de menos la imperfección de aquel tipo, sus estrambóticos gustos o incluso sus aparentemente aburridos propósitos en la vida. Pero también cabe la posibilidad de que aparezca otro alguien que te saque de ese extraño limbo donde “ellos” tienen la entrada vedada y descubras que sí que quieres compartir tu vida con alguien. La diferencia estará en que al ser la persona adecuada, sabrás que no es necesario abusar de la soledad y  que la intimidad en su justa medida y pactando unos límites imaginarios, nunca viene nada mal.

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El pricipe ¿azul?

”Los tiempos no han cambiado tanto desde que Cenicienta perdió su zapato…Las mujeres de siglo XXI pierden, para nada accidentalmente, sus números de teléfono.”

Las mujeres nos pasamos el día planeando cómo será el hombre de nuestras vidas. Creamos sin darnos cuenta una interminable lista de requisitos que ha de cumplir y pretendemos que cómo por arte de magia, aparezca. Lo cierto es que nuestra exigencia se debe al excesivo consumo de novelas de amor y comedias románticas.Señoras y señores, Hollywood ha hecho mella en la mayor parte de las mujeres del mundo.

Me incluyo en ese montón de féminas soñadoras que esperan ansiosas a que ese caballero aparezca. De hecho, las cosas no han cambiado tanto desde que Cenicienta perdió su zapato; la diferencia es que hoy en día, las mujeres del siglo XXI pierden, para nada accidentalmente, sus números de teléfono e intercambian mensajes vía Watsapp en vez de mensajes de amor desde un viejo balcón.

Este síndrome de la eterna princesa desencantada no ha hecho más que traer problemas. Ya va siendo hora de que asumamos que el hombre de nuestras vidas no está destinado a aparecer galopando en su blanco corcel. Puede que alguna tenga la suerte de que un apuesto hombre, vestido con un elegante traje, la pase a recoger en un gran Roll Royce, pero lo más probable es que aparque de manera ruidosa un viejo y destartalado Seat y espere impaciente a una mujer normal, sencilla y que no exija demasiado. En definitiva, una mujer que quiera una historia real y no un viejo cuento, en ocasiones, demasiado previsible.

Pues bien, cabe decir que puede que tenga razón o puede que simplemente me esté desquitando porque aún no entiendo cómo puede ser tan difícil encontrar a ese alguien. De todas formas, se dice que la esperanza es lo último que se pierde. De modo que, a pesar de haber abierto una pequeña puerta a nuevas alternativas, la realidad y todo ese rollo barato, sigo dejando la ventana entrecerrada. Porque hasta el día de hoy y espero que así siga siendo durante mucho tiempo, soñar es gratis.

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Una cálida bienvenida

“En todo reside algo extraordinario, incluso…en un café”

Para toda esa gente que al igual que nosotras anhela lo imposible, que siente que siempre hay algo más tras ese límite llamado horizonte, que necesita abrirse paso en el mundo para poder ser alguien y, a fin de cuentas, encontrarse a uno mismo. A todos ellos, decirles que en la más mínima acción reside el paso hacia algo extraordinario, ya sea en una imagen, en un libro, e incluso…en un café.